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Los políticos y las redes sociales

Cómo funciona la comunicación política online

 

Dentro de la comunicación online, los políticos y las redes sociales están condenados a entenderse. Tal como yo la entiendo, no existen grandes diferencias en la forma de comunicar cuando hablamos de política, de corporaciones, de instituciones, del ámbito de la educación o de cualquier afición. Y no existen por la sencilla razón de que la comunicación online 

se basa en  una comunicación con el individuo y en todo lo que tiene que ver con su mundo.

Las temáticas de las que trate un diputado de las Cortes Valencianas serán distintas, seguramente, de las que comente @Sarganman en su restaurante con sus clientes, pero seguro que ambos perfiles profesionales tienen inquietudes vitales que les gusta compartir con sus semejantes de una forma parecida.

Y ahí es donde radica la semejanza -valga la redundancia formal- en la manera de comunicar: los individuos somos individuos allí donde nos pongan.

Si los políticos y las redes sociales no entienden que la verdadera comunicación que queremos escuchar de ellos es una comunicación repleta de mensajes transparentes y sinceros, que respondan a lo que los ciudadanos necesitamos (soluciones, no problemas), entonces será muy difícil que convenzan al electorado que pasea por la red -cada vez más numeroso y más crítico- de que no nos están vomitando retórica insulsa que nosotros, desde la pantalla, no vayamos a valorar como spam.

Es difícil recibir ataques de trolls cuando eres coherente con los mensajes que pronuncias en la red. Es muy fácil, en cambio, que creen un #avatarmariano o un #puntosrubalcaba cuando pretendes trasladar el marketing offline, ese con el que han estado trabajando durante tantos años la mayoría de agencias de comunicación, a un entorno que nada tiene que hacer con campañas agresivas de “marketing viral”.

La política del miedo

Pero ese miedo a que nos ataquen, ese miedo a lo desconocido, no es más que un miedo hacia nosotros mismos: como no estamos acostumbrados a tratar directamente con personas, con individuos, en la comunicación política que hacemos, es normal que tengamos miedo de que “un cualquiera”, que puede ser mucho más líder que nosotros en la red y mucho más seguido por una comunidad potente -y en consecuencia mucho menos “cualquiera” que nosotros mismos en ese entorno- nos deje sin argumentos sólidos a la primera de cambio. 

O vencemos esa contradicción interna que vivimos hacia la red, o nos vencerá el absurdo y el miedo infundado.

Cuento muchas veces en mis cursos que uno de los grandes problemas de muchos empleados es que, cuando están trabajando, no quieren que sus jefes los vean conectados a Facebook o a otras redes (y viceversa con los jefes).

Seguimos considerando las redes sólo como algo lúdico, y lo peor no es eso, sino que seguimos pensando que trabajar no significa pasárselo bien. En vez de integrar las redes sociales en nuestro día a día, como algo natural, preferimos no incluirlas por si no damos imagen de seriedad.

Pero lo más terrible es que si durante el día yo, como individuo, considero que las redes no encajan en mi empresa, por la noche, en casa, espero que mis amigos y las empresas a las que sigo me ofrezcan entretenimiento y contenido de interés. 

Es decir, que lo que yo quiero que me hagan a mí en las redes sociales no soy capaz de proponerlo yo a mis clientes o seguidores cuando estoy trabajando. Hasta que no pensemos que las redes pueden y deben ser parte de nuestra estrategia interna y de negocio, no habremos entendido el verdadero alcance que tiene la conversación.

 

¿Dónde queda Facebook?

Me he centrado esta vez en Facebook porque me ha parecido que la ocasión merecía un post, pero me gustaría hacer una observación en este sentido. Curiosamente los políticos españoles, seguramente por desconocimiento o por prisa, suelen utilizar más Twitter que Facebook. Dos observaciones respecto a la conveniencia de que dediquen más tiempo a Facebook:

libro facebook

Los Políticos Y Las Redes Sociales

  • El número de usuarios de Facebook en España es, todavía hoy, muy superior al de usuarios de Twitter. (Llegarían a más gente.)
  • En términos generales, la comunidad tuitera -quienes realmente están enganchados a los 140 caracteres- suele ser una comunidad mucho más crítica y conocedora del entorno social que la que interactúa en Facebook. (En Twitter es más fácil que en Facebook que una palabra ambigua sea interpretada a propósito de forma errónea y que corra como la pólvora.)

Lo que resulta curioso es que esa utilización de la herramienta parece responder más a una creencia de que redactar menos caracteres implica menor esfuerzo que responder a comentarios infinitos como los que pueden aparecer en Facebook. 

Sin embargo, escribir buenos versos siempre ha sido, desde mi punto de vista, uno de los artes más complejos; y Twitter, bien entendido, es pura poesía, mientras que Facebook nos deja espacio para narrar historias.  Lo dicho, los políticos y las redes sociales están condenados a entenderse.

Y yo, por cierto, no he visto nunca a ningún político que sea sintético en sus discursos.

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